Celta de Vigo.

Celta 0 - Recreativo 3

Llueve sobre mojado

Opinión - Tribuna Libre

Las horas bajas se suceden en la realidad celeste. El tic-tac del reloj corre mientras el sueño se encarna en dificultades, sudor y lágrimas. No era fácil, no lo es, no lo va a ser. Lo supimos ver cuando las cosas nos parecían ir rodadas y de necios sería negarlo ahora.

El peso de la balanza del celtismo vuelve a oscilar con premura de la excitación a la crispación. Del creernos los mejores a considerarnos poco menos que inútiles. De vanagloriarnos por firmar un proyecto de futuro con un hombre como Paco Herrera a la cabeza, a pensar que se le secó el pozo de las ideas.

La futilidad del pensamiento celtista tiene tan poco aguante como la presencia de determinados entes que de vez en cuando, o con frecuencia, sientan sus benditas posaderas en las gradas de Balaídos. Yo hoy doy las gracias a los que ayer se fueron, a los que demostraron una vez más que las entradas tiradas de precio, los aparcamientos, la climatología o la programación televisiva tienen la relevancia que cada uno quiera darle y, en base a ella, ir o no a apoyar a tu equipo.

Allá irá la libertad de cada uno. Sólo recordar que para salir del estadio mientras el cronómetro corre, para encarar las salidas de Balaídos, para dar el primer paso que deja atrás esa grada… es necesario dar la espalda al equipo. Aunque sólo sea físicamente. Habrá quien piense que ese gesto no significa nada, habrá quien piense que lo significa todo. [ leer más ]


Hoy quise empezar hablando de la actitud de una parte de la afición porque fue uno de los temas más tratados durante toda la semana. Si en su momento me pareció un error abogar por llamamientos a la afición, o más que un error una inutilidad, ahora me reafirmo en ello.

Quien siga pensando después de todos estos años que hay un método brillante, al margen de los resultados, para que los aficionados vuelvan a Balaídos en masa sin abandonar a las primeras de cambio, por favor que me regale un poco de su inocencia.

Seré una bohemia idealista, pero prefiero a mis 7.000-8.000 del año pasado, forjados con vinagre, limón y sal en las heridas; a los 10.000-15.000 que aleteen en desbandada cuando las cosas nos vengan reviradas.

Si para llenar Balaídos hay que “jugar” con esa arma de doble filo prefiero no tenerla. Prefiero un Balaídos más descascarillado desde el principio a otro que se descascarille durante el partido porque no nos gusta como pinta el partido o el marcador.

Centrémonos en los rivales, en los partidos que restan y en la realidad inmediata. Porque seguir buscando la fórmula mágica que lleve a la gente a Balaídos porque de verdad quiere estar con el Celta, en la salud y en la enfermedad, me parece una utopía mundial. Los casados con este equipo son menos de los que desearíamos. No nos vamos a multiplicar con una poción mágica de la marmita de Panorámix por bonita que parezca la idea.

Si es cierto que el equipo necesita a la afición, también es igual de cierto que no la necesita para que lo deje tirado cuando el arco iris no luce lo suficiente. Sólo espero que los que aguantan de pie o de rodillas lo hagan juntos, sin desuniones. Si tenemos que ser pocos los seremos. Pero seamos uno.

Y dicho esto paso a la temática estrictamente futbolística. Ayer no se puede decir que nos mereciésemos más. No se puede decir que jugásemos como nos caracterizó durante gran parte de la temporada. La pólvora parece humedecerse con premura y ante cualquier adversidad. La chispa del Celta no prende las hogueras de antaño, el humo sigue ahí pero no la llama. El ánimo se desmorona en segundos cuando una piedrecilla nos hace trastabillar. Al que fue capitán durante tantos y tantos partidos, al que siempre he considerado que no se le valora lo suficiente su trabajo, ayer se le fue la pinza. Incluso desde la distancia entre esa portería y Marcador se mascó la tragedia antes de ver el color de la cartulina. La sentencia cayó a plomo y en la inferioridad numérica nos vimos aún más lastrados a la hora de encontrar quiénes fuimos, somos y seremos.

Por primera vez este año sentí un lastre en las piernas de nuestros jugadores. Vi a un Celta sin saber bien qué hacer. Falto de garra e imaginativa. A veces precipitado, a veces excesivamente sobón con el balón. Trashorras, De Lucas y David cual tridente desdentado no parecían aclararse. Un césped rápido y anegado por las lluvias daba velocidad y locura al balón que corría en múltiples jugadas a las que los hombres de celeste no llegaban. Bustos hizo valer su titularidad más por su trabajo que por su posición. Tuvo ayudas constantes de Sergio, Aritz y Álex pero aún así yo me plantearía seriamente el volverlo a utilizar por esos derroteros en futuras necesidades. Sin él y con David en banda las presiones del centro del campo en adelante eran muy “blanditas” cada vez que el Recreativo daba salida al balón. Soy partidaria de no presionar a lo loco fuera de casa para reservar un poco de fondo físico para los últimos minutos de encuentro. Pero en casa hay que estar más encima, más sobre los dedos de los pies para reaccionar a los cambios de juego. Más despiertos en los 2 contra 1. Con más tensión, no moral, pero sí física.

Las entradas de Dani y Papa hay que hacerlas valer con balones en profundidad y un fútbol más desenvuelto. Exprimiendo mejor las bandas, sacando provecho a los centros colgados. Asumiendo riesgos pero también siendo más duros en defensa. Aspecto en el que ayer también nos vi un poco flojos. Nos falta temple. Incluso al todoterreno de Roberto Lago le está faltando algo para ser el que era.

Si ayer ya vi al equipo tocado, hundible como un barco de papel bajo el peso de una mosca. No quiero ni imaginarme como estarán los ánimos esta semana. Sé que tenemos las armas pero no sé si siete días o los que sean (si al final la Liga se para) serán suficientes para encontrarlas, desmontarlas, limpiarlas y volverlas a montar bien cargadas conla artillería que llevó a este equipo hasta ahí arriba.

Si estuvimos semana tras semana compitiendo por esos dos puestos de ascenso directo fue porque estábamos capacitados para ello. Y si lo estuvimos, entonces seguimos estándolo. Tenemos bajas y las seguiremos teniendo. Pero de la misma manera en que las tuvimos en momentos anteriores y salimos del paso victoriosos, ahora debemos volver a hacerlo.

Quizá el siguiente partido llegue en el peor momento. Quizá llegue en el mejor. Salir victoriosos del Benito Villamarín, por todo lo que rodea a ese encuentro y que todos nos conocemos de sobra, sería la mejor forma de sellar el “borrón y cuenta nueva”. ¿Lo otro?, ni lo contemplo.

Tenemos una capacidad innata para complicarnos la vida. Siempre lo hemos hecho. Sólo espero que la plantilla al completo y la afición que quiera estar detrás luchen porque el final de la película sea el que todos queremos ver.

Y sean más o sean menos, que todos los que entren en futuras fechas a las butacas de Balaídos lo hagan con la predisposición de quedarse hasta el final. Por muy mala o por mucho miedo que pueda dar la película. Hasta los héroes de largometraje saben que la esperanza es lo último que se pierde. Lo que quizá no sepan es que, por encima de la esperanza, hay algo que no se pierde ni de último, ni de “derradeiro”, la convicción de un sueño cumplido y filmado en celeste.

No pararemos hasta conseguirlo.

 



Karpinha
 

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