Celta de Vigo.

Heridos

Opinión - Tribuna Libre

Hoy no sé muy bien cómo empezar a escribir esta crónica. No creo que baste con hablar de fútbol. No lo creo porque este equipo lleva tres derrotas consecutivas y futbolísticamente creo que no se mereció ninguna de ellas. Me sienta mal decir esto porque quizá alguien se lo tome como una sobrada y nada más lejos de la realidad. Soy la primera en ser consciente de que a veces se pierde sin haber hecho deméritos para ello. Esto es fútbol y esas cosas suceden. Pero ya son tres partidos, ya son tres las cruces que el Celta lleva a la espalda. Una carga y un castigo excesivos en mi opinión.

Los números generales de este equipo no me preocupan, el fútbol de este equipo no me preocupa, la actitud y el hambre de la plantilla no me preocupa. Pero sí que lo hace el hecho de ver esos nueve puntos suturando la herida. Tengo miedo a la infección, tengo miedo al no poder, tengo miedo a la ansiedad. Tengo pavor a todo lo que anímicamente pueda estar rondando a nuestro vestuario. [ leer más ]

Foto de Eugenio Alvarez


No creo en crisis, no creo en baches, no creo en los bucles negativos de las segundas vueltas… Creo en la capacidad humana de pasar de la fortaleza y la convicción máximas a la debilidad y la duda más autodestructivas. Uno de los principales motivos que me hizo ver la pasta diferente con la que está hecha esta plantilla era la capacidad que tenían de irse arriba cuando el marcador les era adverso. La capacidad de crear con tres toques la jugada perfecta premiada con el gol. La capacidad de estar por encima de todo lo que había alrededor.

Donde ayer nos vi fuertes hoy nos veo débiles. Pero siempre anímicamente, en términos de fútbol seguimos siendo el equipo brillante que está destinado a llamar a la puerta de los grandes estadios del fútbol español en cosa de seis meses. Lo merecen, por trabajo, ganas, esfuerzo, talento y fútbol. Lo merecen. Y lo seguiré pregonando hasta que se me agote la voz y aunque nadie quiera creerme.

Pero anímicamente llevamos un lastre. El que nos acelera dentro del área, el que nos revoluciona por dentro y nos hace jugar con nervio y buscando a la desesperada el gol. El que nos obligará a pelear contra dos rivales sobre un mismo césped: el equipo que está enfrente y nosotros mismos, si no le ponemos freno.

A este equipo lo limita lo interno, lo limita la autoexigencia. Esa que destila David cuando lleva unos cuantos partidos sin marcar. La misma que hace a Trashorras sacar rápido y, a veces, sin que los compañeros estén atentos a sus intenciones.

Este equipo tiene una retroalimentación que le perjudica. Debe estar por encima de eso, debe salir al campo de Los Cármenes con la convicción de que el ascenso no se conquista en dos días. De que el objetivo ahora mismo pasa porque desconecten de forma real de los rivales directos y los últimos resultados. Ojalá pudiese crear de la nada una burbuja de relax en la que guardarles hasta el instante mismo en que el árbitro pite el comienzo del partido contra el Granada.

Lo que nos está pasando no se cura con más trabajo, no se cura con entrenamientos más duros, no se cura con gritos, no se cura con enfados, no se cura con pitidos. Esto se cura y se curará en el momento en que un balón lama la bota de uno de nuestros futbolistas para estamparse contra las mallas de una portería y darnos tres puntos. Cuando “evacúen” esta bola negativa y se lleven a sus casas una victoria, y la duerman en la almohada.

El Celta lleva tres partidos buceando a pulmón en busca del tesoro perdido. Y sé que, en cuanto eche mano de la bombona de oxígeno que representa su fútbol y respire con calma de ella, entonces, a partir de ese momento, volverá a tener ese plus que le permitirá encontrar hasta el mismísimo tesoro de Rande si se lo propone.

No creo que ayer hiciésemos deméritos para perder. No voy a entrar en polémicas arbitrales, ni controversias. Sé que el resultado podría haber sido muy diferente. Sé que cuando el Villarreal encontró más ocasiones fue cuando el Celta se armó de artillería ofensiva en detrimento de la defensiva. Sé que lo tuvimos al alcance de las manos. Sé que merecimos ganar.

Hoy no creo que sea un día para hablar de individualidades. Lo siento por Borja, nuestro 4, al que mil elogios siempre se le quedarán pequeños y al que nunca se le subirán a la cabeza. La grandeza no se lesiona, la grandeza no se detiene aunque tu rodilla sí, la grandeza corre por esas venas que palpitan a golpes de corazón la pasión por un deporte y un equipo de fútbol. Su equipo de fútbol. Su casa. Su Balaídos. Bienvenido Borja, te echábamos de menos.

Pero no quiero quedarme ahí. No quiero quedarme en un solo nombre, ni un solo hombre. Con el corazón en la mano y como hice al final del partido de ayer os doy A TODOS todo lo que os puedo dar como aficionada: os doy mi aplauso. Mi convicción de que el resultado no resume a este equipo. De que el camino no ha llegado a su fin. De que salvaremos cada desnivel que nos salga al paso. De que saltaremos cualquier roca que se interponga entre nosotros y nuestro objetivo. Y tropezaremos. Y nos haremos sangre en las rodillas. Pero nunca, jamás, bajaremos los brazos. Nunca dejaremos de correr. Nunca dejaremos de luchar.

Jamás nos rendiremos. Jamás os abandonaremos.
Cuando falte el aliento, tiemblen las piernas o renazcan las dudas. Allí estaremos.
Cuando os golpeen y os tiren al suelo. Allí seguiremos.
Cuando os coman las gradas en algún campo rival. Alzad la vista, buscad el rincón celeste. Allí nos tendréis.

Vosotros Celta, nosotros Celtismo.
Celta. Afición. Sangre. Corazón.

Karpinha

 

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