Celta de Vigo.

Celta 1 - Huesca 2

Ayer grandes en la victoria, hoy grandes en la derrota

Opinión - Tribuna Libre


Esta noche sería fácil apelar a la mala fortuna que tenemos con los palos de Balaídos, apisonadoras de ilusiones en las dos internadas de Quique De Lucas; sería fácil cuestionar determinadas decisiones arbitrales, dentro y fuera del área; sería fácil clamar al espíritu del fútbol en vertical y no en horizontal, éste último desempeñado por un rival muy “aquejado” de dolores y más pendiente de que el cronómetro corriese sin balón en movimiento que otra cosa. ¡Qué será lícito, pero a mí no tiene por qué gustarme!

Aún así, por encima de todas esas cuestiones fácilmente apelables hubo algo muchísimo más evidente esta noche. Algo a lo que le doy la mayor relevancia. Ese algo es, sin género de duda, el hambre de un equipo que semana a semana e, independientemente de lo que dicte el marcador final, no deja de alimentar las llamas del orgullo nacido de una afición para con su equipo.  [ leer más ]


El hambre de fútbol, el hambre de goles, el hambre por dar sentido a cada minuto vivido sobre ese césped, el hambre por reavivar cada jugada y recuperación de balón para dotarla de peligro, el hambre de darlo todo, el hambre de seguir mirando hacia arriba y seguir soñando.

Yo sigo soñando. No me considero una persona que se deje llevar por el poder del sentimiento del momento ni por euforias. Soy de concepciones en frío y de pensar mucho las cosas antes de escribir.  No tengo el orgullo herido, está sano como un roble y si cabe más insuflado después del derroche de entrega y trabajo que he visto esta tarde-noche en el estadio de Balaídos.

Estoy tan convencida de nuestras posibilidades reales de seguir “machacando” marcadores, campos y rivales que sé, y es la primera vez que digo algo semejante este año, que vamos a ascender. En incontables ocasiones he podido hablar del ascenso, pero siempre saltándome ese básico paso intermedio de “ASCENDER”. He podido hablar de un futuro en primera, pero sin pararme a pensar en ese momento, en ese instante en el que, matemáticamente, el Celta de Vigo confirme su vuelta a la división de oro del fútbol español.

Soy una confesa “comedida” en exceso. Tanto para los histrionismos positivos como los negativos. Hasta tal punto que juro ante notario que en todo lo que va de Liga jamás he seguido el cántico de: “Que sí, joder. Que vamos a ascender”… No es que no lo comparta, porque es evidente que lo comparto al 100%. Es simplemente que no me sale pensar en eso cuando hay tanta liga por delante. Lo del “paso a paso” y “no vender la piel del oso antes de cazarlo” son el patrón con el que fui cosida, ¡qué le voy a hacer! Pero es que hoy me sale el histrionismo positivo y no quiero censurarlo.

Esta temporada me ha hecho ir creyendo de a poquito y es cierto que fuimos devastadores desde la primera jornada en la que creamos incontables ocasiones de gol. Nos marcamos una primera vuelta de infarto y lo que llevamos de la segunda tampoco es negativo, a pesar del resultado de hoy.

Somos un Celta construido de trabajo, esfuerzo y perseverancia. Pero nuestro pasado inmediato es el que es y a una servidora le ha costado mucho olvidarse de los fantasmas para atreverse a decir que este sí es nuestro tren. Aunque lo pensara, aunque lleve en el andén semanas con el ticket en la mano esperando al revisor de mayo-junio para confirmármelo, siempre quise ser cauta y no decirlo en voz alta. No gafarlo. Sin cautela hoy sí digo que sé que me voy a subir al tren que pone 1ª División en rótulos de neón, en ese vagón celeste que nos está esperando.

Y lo sé por qué tenemos “ESO” que marca la diferencia, ese "ALGO" dónde reside el plus del Celta. Una palabra tan gorda que hace sombra a todo lo cualitativo, técnico o físico: COMPROMISO.  El compromiso de una plantilla que, pese a encontrarse con un gol tempranero, no ha dejado de intentarlo ni un solo minuto. Fallamos ocasiones sí, también lo hicimos en la primera jornada de Liga y que el mundo mire dónde estamos ahora. Para eso, para que el mundo nos mire tendrá que girar la cabeza hacia arriba y nosotros la nuestra hacia abajo para devolverle el saludo.

Tenemos la máxima entrega comprometedora de una plantilla que en el encuentro contra el Xerez se encontró con un gol en los últimos minutos que significaba el empate y la instantánea de aquel momento se me grabó a fuego en la cabeza, tanto que la puedo describir como si aquel Celta-Xerez se hubiese jugado hoy. Recuerdo a Cristian Bustos tirado en el suelo, a Dani Abalo lamentándose, a Ismael Falcón sin poder levantarse, a Aritz López Garai llevándose las manos a la cabeza, a Roberto Trashorras desquiciado en el banquillo, a Paco Herrera desgañitándose vivo… ¡Parecía que habíamos firmado un descenso y sólo era un empate!

En el partido contra el Tenerife vi un equipo que lo estuvo intentando hasta la saciedad y que encontró su premio en forma de gol hacia el final del encuentro. Sudamos muchísimo y ese día el compromiso encontró su cobro de 3 puntos. Y hoy, 3 de marzo, creo que todos pudimos sentir la entrega constante. Las revoluciones de un Roberto Trashorras que no salió motivado sino que salió motivadísimo. Pudimos sentir la tensión explosiva de las escapadas de Quique De Lucas.  Sentimos cómo este equipo combinaba los ingredientes para encontrar la fórmula perfecta que nos llevase hacia arriba y encarar portería.

Este Celta es un equipo que explota al máximo cada milésima de los 90 minutos de juego. El mismo que jamás quiere echar una pelota fuera, el que aboga porque el balón sólo debe dejar de correr porque el árbitro así lo pita o porque se ha conseguido el premio del gol.

Hacía mucho que yo no empatizaba con una plantilla celeste de esta manera.  Es difícil hacerlo cuando hay calidad pero cero de ese compromiso que menciono. Es fácil acordarse de hombres que pasaron por aquí no hace mucho, como el señor Óscar Díaz, quién en su periplo celeste demostró que si hay calidad pero no un mínimo de compromiso con tu equipo, dicha calidad no sirve de nada. Y para mí fue el mejor de toda la primera parte en el partido Celta-Xerez. Pero por ese motivo, porque probablemente con el equipo andaluz tiene un compromiso que aquí le faltó.

Volviendo al Celta, creo que este año lo tenemos, tenemos un equipo formado por un grupo de futbolistas que, además de aportar incuestionables dosis de calidad, están tan metidos en la consigna de ganarse esa plaza de ascenso que todavía lamentas más los puntos perdidos. Porque sabes que se ha intentado. Porque sabes que pese a cualquier adversidad se están dejando los tacos y el sudor sobre el césped. Porque tenemos un entrenador que le echó muchos “eggs” al asunto y que fue a por el partido a tumba abierta.

Porque aún yendo 0-2, los hombres de celeste que hay sobre el césped no se rinden. Porque son la chispa que desencadena que no se te deshaga el nudo de la garganta hasta el último minuto. Porque no bajan los brazos. Porque aunque el partido esté llegando a su final siguen peleando cada balón y encontrando portería para hacer un 1-2 que quizá ya no sirva de nada pero que celebras a muerte porque por dentro ese gol te toca el sentimiento. Porque da igual que sea el 1-2 con pocos segundos por delante. Da igual porque es el puñetero gol de tu equipo y eso es pura gloria. Y si tu portero, tu capitán, se va arriba a rematar una falta tú te vas arriba con él. Y en ese momento importa una mierda que vayas palmando, sólo importa ese cúmulo de jugadores vestidos de celeste y uno de gris, todos encerrados en un área mientras esperan la llegada de un balón que mandar al fondo de las mallas para sacar al menos un punto. Para sumar.

Y si ese balón al final no llega a entrar en esa portería. Si al final no sumas ni un punto. Si al final sales de Balaídos con una derrota a la espalda… Entonces lo haces con la cabeza tan alta que necesitas agacharte al salir por la puerta de turno. Porque la 2ª División no es un camino de rosas y el darlo todo no siempre encuentra la recompensa merecida. Pero, sobre todo, porque somos gallegos y a nosotros nos gusta mantener la tensión y la emoción hasta el final. ¡Que lo de tirar de épica nos motiva y las cosas fáciles nos aburren!

Porque en la derrota recordamos de dónde venimos y ello nos impulsa hasta dónde queremos llegar.

Porque ser del Celta implica que no siempre se gana en el marcador pero siempre se golea en ese punto del pecho dónde el escudo del Celta está serigrafiado a fuego.

 

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