Celta de Vigo.

El Celta golea y el Celtismo se desborda

Opinión - Tribuna Libre

Las noches de fútbol volvieron a un Balaídos que añoraba los partidos a la luz de las estrellas y que cobijaba en sus gradas a una afición que se mostró mimosa con sus jugadores y muy ilusionada con la realidad futbolística por la que el equipo atraviesa. Toda la magia que rezuma esta tierra gallega, y que es cuna y sangre de este Celta, se alineó este 7 de Febrero para regalarnos una noche de meigas. Serán casualidades de la vida que el 7 sea el considerado número mágico y místico por excelencia. Pero si las meigas estuvieron en Balaídos (porque “haberlas haylas”) lo que tengo claro es que divertirse se divirtieron.

En los compases de la primera media hora el Numancia se encontró con dos palos, ni uno más, ni uno menos que los que hace 3 semanas se interpusieron entre Roberto Trashorras y el gol ante el Xerez. Será que las maderas de Balaídos siguen la ley de la compensación y lo que el palo de Balaídos te quita, el palo de Balaídos te lo da. [ leer más ]



De los dos primeros goles me gustaría destacar una similitud que en cierto sentido podría no ser tan clamorosa si en el segundo gol no es Trashorras quien manda el balón a De Lucas (no me quedó claro en el campo y todavía no he visto resumen alguno que me resuelva la duda). Pero si fue el 10 quien mandó ese balón a De Lucas entonces quiero aplaudir una semana más esa conexión tribanda. Porque, si no me equivoco, en las dos jugadas el sello del gol tiene impresas tres huellas dactilares. La primera la del propio Roberto Trashorras, instigador de ambas jugadas (o al menos de la primera); la segunda de Quique De Lucas, Mr. Asistencia por antonomasia; y la tercera de David Rodríguez, el goleador que no perdona. Vamos, que tenemos un tridente ofensivo que está encantado de conocerse y nosotros más aún por tenerles.

Para hablar del tercer gol primero quiero destacar los dos portentos que tenemos en los laterales. A riesgo de críticas clamo a pleno pulmón que son los mejores laterales de la categoría. Defensivamente limpios, sólidos y muy físicos. Ofensivamente la mejor baza de nuestro juego en profundidad. Un día más cabe mencionar las búsquedas entre Hugo Mallo y Roberto Trashorras, así como la velocidad explosiva de Roberto Lago. Cuando mete la directa hacia la portería no hay medio campo ni defensa que le pare. ¡Qué pared previa al gol! ¡Qué definición perfecta en el mismo! Si hoy tenía alguna molestia su profesionalidad la ocultó.

 

Para el centro de la defensa una servidora sólo tiene buenas palabras. A la espera de que las molestias de Vila no revistan gravedad, sólo decir que me sentí muy orgullosa de la calurosa ovación con la que Balaídos despidió a este hombre que vive de jornada en jornada haciendo del trabajo su firma futbolística. Hace mucho que se ganó el puesto como uno de los jefes de la defensa pero hoy tuvo la confirmación de que se ha ganado algo aún mayor y que, simplemente por su filosofía trabajadora se merece, Jonathan Vila por fin pudo recibir de su afición esa ovación que le tiene que dejar muy claro que tiene ganado el corazón del celtismo. De su compañero David Catalá alabé hace siete días sus pases entre líneas, hoy quiero destacar sus jugadas al corte. Un miembro importantísimo y una gran pareja de baile para Jonathan.

Del “trivote” destaco la progresión de Garai, la constancia motora de Bustos “El incombustible” y la capacidad de despliegue de la “navaja rusa” Álex López. De Roberto Trashorras el gran partidazo al que sólo le faltó el gol y le sobró de todo lo demás.  Neurálgicamente no hay nadie como él. Teje las telas de araña por donde después corre el balón en esos pases al hueco que son las brasas de la hoguera incendiaria que representa el juego ofensivo de un Celta desbocado.

De Quique y David quiero destacar lo fácil que hacen lo difícil, sus carreras paralelas en jugadas sin balón, su búsqueda constante de espacios y los numerosos desplazamientos de la defensa rival dejando desmarcados a otros compañeros. Del capitán no hay mucho que decir hoy, no estuvo exento de trabajo pero tampoco tuvo que sudar mucho una vez que los chicharros fueron cayendo.

Para hablar de los hombres que entraron de refresco tengo que hablar de un contundente Sergio Ortega que no hizo notar la ausencia de Vila. De un aplaudidísimo Papadopoulos que pudo encontrar el quinto gol pero que aún así dejó una aportación muy positiva sobre el césped y por eso la grada supo mantener hasta el final el cariño que le dispensó desde el momento mismo en que salió a calentar. Y para el final me guardo al artífice del cuarto y último gol. Ese Dani Abalo que es pura pólvora y que en cuanto pudo encender la mecha y quemar lo que quedaba por quemar lo hizo. Un hombre que es peligro constante desde el momento en que entra en juego. No todos los futbolistas sacan tanto provecho a cuatro minutos más el descuento. Si me tuviera que mojar respecto a quién situaría yo para suplir la baja de De Lucas en Córdoba yo diría que el 7 del Celta.

Esta semana pido perdón por la extensión del texto pero es que me quiero permitir la licencia de comentar un poco más allá de lo meramente futbolístico. Mayormente porque quien estuvo esta noche en Balaídos sabe que el Celta no tuvo sólo 11+3 futbolistas sino que tuvo esa magia que se desprende de a poquito de las gradas y que se dispara con el juego de su equipo. Esa afición, que atestaba más de lo esperado los blanquiazules asientos de Balaídos, se merece unas líneas.

Después de tantos años me siento como Gandalf en El Señor de los Anillos cuando le dice a Frodo que puedes aprender las costumbres de los hobbits en un mes y después de 100 años aún te sorprenden. Lo mismo se puede decir de esta afición vestida de celeste y labrada en lágrimas y euforias.

Tras el sempiterno debate que se genera aquí semana sí, semana también en el hilo de Papa, lo último que me esperaba hoy era esa muestra tan unánime de generoso cariño y aprecio hacia el griego. Un día más aprendo del celtismo y me siento orgullosa de él. Por encima de las estadísticas y los números hoy sobre el césped de Balaídos hubo un hombre de nariz aguileña y mirada profunda que se sintió querido y yo creo que esa humanidad que rezumó la grada habla más que mil discursos sobre lo que de verdad significa ser del Celta. Lo que significa formar parte de una afición que siempre te levantará cuando te sientas alicaído.

Una afición que se acordó de todos y que, durante unos instantes, coreó el nombre de ese señor que grita mucho pero que también mima mucho a sus jugadores, ese hombre que se llama Paco Herrera y que nos tiene sonriendo jornada sí, jornada también con un equipo tan trabajado y desbordante de ganas e ilusión.

Durante los minutos finales del partido el celtismo se dejó llevar por esa placentera sensación de no sufrimiento. Porque cuando tienes un pasado reciente como el del Celta una ya da gracias por, simplemente, no sufrir. Pero si además alimentan tu felicidad semana a semana, la ilusión es desbordante. Sin duda alguna, si hay una afición que está capacitada para sobreponerse a todo lo que le echen ésa es la del Celta. La misma que se liberó esta noche entonándose con “O Miudiño”, meciéndose con “A Rianxeira” y ondeándose con esa marea de olas que azotaron unas gradas que más que desbordar aficionados desbordaban la felicidad reencontrada después de tantos años.

El 7 de Febrero de 2011 el Celta de Vigo dio un recital futbolístico. Ese mismo día y en ese mismo lugar las gradas de Balaídos dieron un recital aún mayor demostrando lo que verdaderamente significa formar parte de esa gran familia llamada Celtismo.

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