Celta de Vigo.

3ª victoria consecutiva lejos de Balaídos

El no-bienvenido

Opinión - Tribuna Libre

El Celta es para el rival como ese visitante al que sólo invitas a cenar a tu casa una vez al año, y por obligación. El Celta fue para el Cartagena como esa tía besucona que nada más cruzar la puerta de casa se tira a tus mofletes en busca de unos besos que dejan huellas de maquillaje y te atrofian para toda la noche el sentido del olfato por culpa de una colonia excesivamente dulzona y empalagosa. El Celta es, en resumidas cuentas, el no-bienvenido.

Le dejan pasar a sus campos porque así lo requiere el calendario y la competición. Pero empiezan a hacerlo con la desidia del que sabe que, en cuanto cruce la puerta, pisará ese césped como si le perteneciese y trinchará el pavo como si fuese el patriarca de la familia. No importa quién pague las facturas de la iluminación o el agua de los aspersores, el Celta se acomoda, hace suyo el control de la situación, marca el tiempo requerido entre plato y plato y al final de la velada los deja a todos con ese pensamiento de: “El año que viene no le invitamos”. Y si el fútbol es justo, ni falta hará, porque entonces a este Celta se le abrirán las puertas de los grandes estadios de la Primera División. Y, como enamorada del fútbol, confío en su justicia. [ ler máis ]


Corrían los segundos previos al inicio del partido y en las comisuras del Hombre-Cerebro, Roberto Trashorras, afloraba una sonrisa. A una servidora ese gesto le bastó para saber que lo que se avecinaba iba a ser bueno. ¡Y vaya si lo fue!

Pita el árbitro y el Celta se asienta sobre el terreno de juego con esa primera línea apretando. Varias idas y venidas de unos y otros, dando a entender una igualdad que después, sobre todo en el marcador, no se mantuvo. Sale el aperitivo de las cocinas y David Rodríguez se tira a por él con el hambre propia del delantero. Con mala fortuna se empacha de balón aún teniendo posibilidad de pase, pero se saca un córner de la manga. Entonces llega el primer plato, el plato fuerte, contundente y con el buen sabor del ingrediente de la casa: esencia mágica De Lucas, quien se gusta y re-gusta dándole a David Rodríguez el privilegio de ser el primero en degustar la delicia gastronómica, y éste, motivado cuál Popeye con sus espinacas, le devuelve el favor al chef convirtiendo ese primer plato en el primer golito celeste.

Como siempre nos sucede, los minutos posteriores al descorche de la botella, nos llevan más arriba aún, el Celta se “relame” y espera con ganas la llegada del segundo plato. Sin embargo, hay ciertos indicios de posible ardor de estómago cuando el “dueño de la casa” empieza a colgar balones desde los laterales. Sufrimos un poco en el centro de la defensa en esas jugadas pero nada que un anti-ácido no solucione. Y no sólo lo soluciona si no que se empieza a asomar la llegada del segundo plato.

 

Trashorras le pone el punto de sal mientras De Lucas le añade la esencia mágica para que Michu lo trinche. El segundo plato también es nuestro y no dejamos ni las migas. Entonces llega el momento del descansito para asentar lo ya comido y hacer sitio para lo que aún nos queda.

Tras quince minutos nos volvemos a sentar a la mesa y el simple olorcillo del postre nos vuelve a abrir el apetito. En esta ocasión es Trashorras quien quiere llevarse el dulce a la boca después de que un bien regresado Vila se la abra a David Rodríguez, quien se la templa a Roberto para que endulce con un 3 el marcador visitante.

Después de un primer y segundo plato, y del postre, cualquiera se podría imaginar que el hambre del Celta se habría calmado, pero no. Como equipo de casta sabe que no hay cena sin su correspondiente chupito de licor café, para mejorar la digestión, por supuesto. Y es entonces cuando vuelve a aparecer Michu, con la garganta seca y muchas ganas de adueñarse de esa “medicina”. Sin titubeos ni remilgos el cuarto gol llega en forma de copita final.

Final de la cena y los estómagos celestes no podrían estar más ricamente llenos. Eso sí, aquí una puede garantizar que tanto el centro del campo, con unos soberbios Garai-Bustos; como la línea defensiva, con los bien regresados Mallo y Vila, el constante Catalá y el enormemente bien estrenado Víctor Fernández; no probaron ni una gota de vino e hicieron junto a Falcón el trabajo necesario para que, de toda la cena, el Cartagena sólo se comiese un rosco. El de su marcador.

Los números lo dicen, el Celta se lo come todo e ignora la dieta post-navideña. Si hay un visitante que ningún equipo quiere en su “mesa” a estas alturas es ése que tiene nombre de pueblo de la Edad de Hierro. El mismo que la semana que viene cena en Barcelona, y yo ya tengo los cubiertos preparados.


 

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